martes, 3 de mayo de 2005

Las dos partes implicadas

Uno de los Cuentos ineditos de J.D. Salinger, llamado Las dos partes implicadas.“Both Parties Concernid”. texto en linea online txt

Aca va un regalito artesanal (!)
(pasado a Word de una revista V de Vian del 97,
en mis ratos libres.)
eyy, non asustarse, en tamaño carta son 7 hojas espacio y medio.
No, no creo que sea el post mas largo del mundo,
àaaaala, a leer, que se acaba la semana!

(Originalmente iba a llamarse “Weke me when it thunders”: “Despiértame cuando truene”) Saturday Evening Post 26 de Febrero de 1944. Traducción al castellano por Pedro Rey, Elvio Gandolfo. Publicada en “V de Vian” Nº 29, Buenos Aires, Septiembre 1997.
POR J.D. SALINGER

En realidad no hay mucho que contar. Quiero decir que no fue grave ni nada, pero fue como raro, en todo caso. Quiero decir por que por un momento pareció que todo el mundo de la fabrica y la madre de Ruthie y todos se iban a reír de nosotros. Habían estado diciendo que yo y Ruthie éramos demasiado jóvenes para casarnos. Ruthie tenía diecisiete años y yo tenía veinte, casi. Eso es bastante joven, de acuerdo, pero no si sabes lo que estás haciendo. Quiero decir entre las dos partes implicadas.

Bueno, como iba diciendo, Ruthie y yo en realidad nunca nos separamos. No nos separamos realmente. Y no es que la madre de Ruthie no estuviera deseándolo. Mrs. Cooper quería que Ruthie fuera a la universidad en vez de casarse. Ruthie se salió del colegio cuando tenía solo 15 años, y donde ella quería ir no la aceptaban hasta que tuviera dieciocho. Quería ser médico. Yo le tomaba el pelo << ¡Llamando al doctor Kildare!>>, le decía. Yo tengo un buen sentido del humor. Ruthie no. Es más inclinada a ser así como seria.

Bueno, en realidad no sé cómo empezó todo, pero la cosa se calentó realmente una noche del mes pasado en el local de Jake. Ruthie, ella y yo habíamos ido allí. Ese antro realmente tiene clase este año. No tanto neón. Más luces. Más espacio para estacionar. Clase. ¿Saben lo que quiero decir? A Ruthie no le gustaba mucho Jake`s.

Bueno, esa noche que les decía, Jake`s estaba concurrido cuando llegamos, tuvimos que esperar alrededor de una hora hasta conseguir mesa. Ruthie no estaba para esperar, No tiene paciencia. Entonces, cuando por fin conseguimos una mesa, ella va y dice que no quiere una cerveza. Así que se queda allí sentada, encendiendo fósforos, soplándolos. Volviéndome loco.
-¿Qué pasa?-le pregunté por fin. Al cabo de un rato me crispó los nervios.
-No pasa nada-dice Ruthie. Deja de encender fósforos, se pone a echar miradas por el tugurio, como para ver si veía a alguien en particular.
-Algo pasa-dije yo. Me la sé de memoria. Quiero decir que me la sé de memoria.
-No pasa nada- dice-. Deja de preocuparte por mí. Es todo fabuloso. Soy la chica más feliz del mundo.
-Ya basta- dije. Se estaba poniendo en plan sarcástico-. Sólo te hice una pregunta, eso es todo.
-Oh, usted perdone –dijo Ruthie-. Y quiere una respuesta. Desde luego, usted perdone.
Estaba poniéndose en plan muy sarcástico. No me gusta eso. No me molesta, pero no me gusta.
Yo sabía que mosca le había picado. Me la conozco a fondo, cada uno de sus cambios de humor.
-Bueno-dije-. Estás molesta porque hemos salido de noche. Ruthie, para decirlo bien claro, un tipo tiene derecho a salir de vez en cuando ¿no?
- ¡De vez en cuando! –Dice Ruthie-. Me encanta eso. De vez en cuando. Así como siete noches a la semana, eh, Billy?
-No han sido siete noches a la semana –dije yo. ¡Y no lo habían sido! La noche anterior no habíamos salido. Quiero decir que nos tomamos una cerveza en Gordon`s, pero volvimos directamente a casa y demás.
-¿No?- dijo Ruthie-. Bueno, dejémoslo. No se hable más.
Yo le pregunté en plan tranquilo, qué se suponía que tenía que hacer. ¿Quedarme todas las noches sentado en casa como un idiota? ¿Mirar las paredes? ¿Oír cómo el niño se hartaba de berrear? Le pregunté, en plan tranquilo, que quería que hiciera.-Por favor, no grites –dice- Yo no quiero que hagas nada.
-Escucha –dije yo-. Estoy pagándole dieciocho dólares semanales a esa chiflada de la Widger para que se haga cargo del niño un par de horas por las noches. Lo hice solamente para que vos pudieras descansar. Pensé que estarías encantadísima. Solía gustarte salir de vez en cuando –le dije.
Entonces Ruthie va y dice que, en primer lugar, ella no quería que yo contratara a la señora Widger. Dijo que no le caía bien. Dijo que, de hecho, la odiaba. Dijo que a la Widger no le gustaba verla ni sostener al niño. Yo le dije que la señora Widger había tenido un montón de niños y que me imaginaba que sabía bastante bien cómo sostener un chiquilín. Ruthie dijo que cuando nosotros salimos por la noche la Widger lo único que hace es estarse sentada en el cuarto de estar, leyendo revistas; que nunca se acerca al niño. Yo le dije que quería que hiciera, ¿meterse en la cuna con él?
Ruthie dijo que no quería seguir hablando de ello.
Ruthie- dije yo-. ¿Qué pretendes? ¿Hacerme pasar por una rata?
Ruthie dice:
- Yo no pretendo hacerte pasar por una rata. Vos no sos una rata.
- Gracias. Muchas gracias. – dije yo. También yo puedo ponerme en plan sarcástico.
Dice ella:
-Sos mi esposo, Billy.
Estaba apoyada en la mesa, llorando como... pero ¡por Dios, yo no tenia la culpa!
-Te casaste conmigo –dice- porque decías que me querías. Se supone que también deberías querer a nuestro hijo, y cuidarlo. Se supone que a veces deberíamos pensar en las cosas, no solo ir correteando por ahí.
Yo le pregunté, en plan tranquilo, quién decía que yo no quería al niño.
-Por favor, no grites –dice-. Si gritas yo me voy a poner a chillar –dice-. Nadie ha dicho que no lo quiera. Billy. Pero lo queres cuando a vos te conviene o no te viene mal. Cuando se esta bañando o cuando juega con tu corbata.
Yo le dije que lo quiero en todo momento. ¡Yo lo quiero en todo momento! Es un encanto de niño, un verdadero encanto de niño.
Dice ella:
-Entonces, ¿por qué no estamos en casa?
Entonces se lo dije. Quiero decir que no me daba miedo decírselo, Se lo dije.
-Porque –dije- quiero tomarme un par de cervezas. Quiero un poco de vida. Vos no te pasas el día entero trabajando encima de un fuselaje. Vos no sabes lo que es eso.
Quiero decir que se lo dije.
Entonces ella intento ponerse en plan gracioso.
-¿Quieres decir –dice- que yo no me la paso trabajando como una esclava pegada a otro fuselaje bien caliente?
Le dije que si era bastante caliente. Entonces empezó a encender fósforos otra vez, como una nena. Le pregunté si no entendía para nada lo que yo le quería decir, y dijo que también entendía lo que quería decir su madre, cuando su madre le dijo que éramos demasiado jóvenes para casarnos. Dijo que ahora entendía lo que querían decir muchas cosas. Aquello realmente me sacó de quicio. Estoy dispuesto a admitirlo. Nada me saca realmente de quicio, excepto cuando Ruthie saca a su madre a colación. Le pregunté a Ruthie, en plan tranquilo, de que estaba hablando. Dije:
- Sólo por que uno quiere salir de vez en cuando.
Ruthie dijo que si volvía a decir “de vez en cuando”, no la volvería a ver. Siempre se toma las cosas en un sentido distinto del que yo las digo. Se lo dije. Ella dijo:
-Vamos, Estamos aquí. Vamos a bailar. La seguí a la pista, pero justo al llegar nosotros la orquesta nos la hizo. Empezaron a tocar Moonligtht become`s you. Es ya vieja, pero es una canción fabulosa. Quiero decir que no esta mal. La oíamos de vez en cuando en la radio del coche o en la de casa. De vez en cuando Ruthie cantaba la letra. Pero no era tan emocionante oírla aquella noche en Jake`s. Era embarazoso. Y el estribillo debieron tocarlo ochenta y cinco veces. Quiero decir que no dejaban de tocar la canción. Ruthie bailaba a unos diez kilómetros de mi. Luego vuelve a la mesa, pero no se sienta. Simplemente toma el saco y se va. Estaba llorando.
Pagué la cuenta, y salí detrás de ella tan rápido como pude. Dios, de pronto afuera hacia mucho frío. Yo llevaba puesto mi traje azul, pero Ruthie, ella solo llevaba su vestido amarillo. Aquello no abrigaba una pulga. Así que lo único que quería era llegar al coche de prisa y quitarme el saco, y quizá echárselo encima. Quiero decir que hacia bastante frío.
Estaba en su lado del coche, toda como doblada, y estaba llorando, ruidosamente, como lloran los niños. Le eche mi saco por encima e intenté que diera la vuelta y me mirara, pero no quería volverse. Maldición, me siento fatal cuando Ruthie hace eso. Quiero decir que me siento fatal. Preferiría estar muerto.
Le pedí así como un millón de veces que simplemente me mirara una vez. Pero ella no quería. Estaba medio tirada en el suelo del coche. Me dijo que me volviera y me tomara un par de cervezas, que ella esperaría en el coche. Le dije no quería ninguna cerveza. Lo único que quería era que me mirase. Le dije que no creyera a su madre, siempre diciendo que éramos demasiado jóvenes y demás. Le dije que su madre estaba chiflada.
Bueno, como he dicho, le seguí pidiendo que se diera vuelta, que se incorporara, y que me mirara, pero no quería. Así que por fin arranqué el coche y conduje hasta la casa. Lloró durante todo el camino, media tirada en el asiento, media echada en el suelo, como un niño. Pero para cuando metí el coche desde atrás en el garaje, había aparado ya un poco, estaba más erguida en su asiento. Lo admito, normalmente cuando es de noche, nos besamos en el garaje antes de entrar a la casa. Ya saben que quiero decir. Esta oscuro y demás, y le entra a uno la sensación de que esta en su propio garaje y en el de ella también y demás. Quiero decir que a veces es fabuloso. Pero esta vez salimos del auto inmediatamente. Ruthie subió las escaleras casi corriendo. Cuando yo ya me disponía a subir oí el portazo de la puerta delantera. Era Mrs. Widger que se marchaba. Cuando llegábamos de noche, bate unos treinta records de velocidad al salir de casa.

Cuando subí a nuestra habitación, y ya me había quitado la corbata Ruthie va y me dice:
-Supongo que querrás echar una mirada al niño. ¿Cómo sabes que no le ha salido bigote o algo desde la última vez que lo viste? ¿O es que no quieres verlo para nada en todo el mes?
No me gusta ese modo en plan sarcástico. Le dije a Ruthie:
-¿Qué quieres decir con que si quiero verlo? Claro que quiero- y Salí de la habitación.
Ruthie deja encendida la luz del pasillo que da al cuarto del niño, así que allí nunca es una boca de lobo. Me incline sobre la cuna y miré al niño. Tenía el pulgar en la boca. Se lo saqué, pero volvió a metérselo enseguida, a pesar de que estaba dormido. Es listo. Quiero decir que no es bobo ni nada por el estilo. Le agarre un pie y lo tuve un rato en la mano. Me gustan los pies de niño. Quiero decir que simplemente me gustan. Entonces sentí a Ruthie entrar en el cuarto y quedarse detrás de mí. Tapé bien al niño y salí. Cuando volvimos a nuestra habitación, no se porque dije lo que dije, porque el niño tenia realmente buen aspecto. Sano. Como Ruthie.
-No me parece que este tan bárbaro- le dije.
Ruthie dijo:
-¿Que quieres decir con que no te parece que este tan bárbaro? ¿Que le pasa?
-Parece que anda así, como falto de peso –dije yo.
-Vos andas falto de peso en la cabeza –dijo Ruthie.
Yo dije, muy en plan sarcástico:
-Gracias. Muchísimas gracias.
Ruthie y yo no volvimos a cruzar palabra hasta la mañana.
Ruthie siempre se levanta a hacer el desayuno y acercarme en el coche hasta la parada de ómnibus. Yo siempre espero tener ya puesta la camisa y la corbata antes de sacudirla porque suele estar ya despierta. Pero aquella mañana tuve que darle poco menos que una paliza de tanto sacurdirla. Me molestó algo que durmiera tan bien; bueno, quiero decir; porque yo no había dormido bien; bueno, en absoluto. Nunca duermo bien cuando estoy preocupado. Pero finalmente abrió los ojos.
Le digo:
- ¿Te queres levantar? ¿Te Queres levantar? Ya sabes que no tenes que hacerlo.
- Ya sé que no –dice ella, en plan sarcástico. Pero de todas formas se levanto, preparo el desayuno y me acerco a la parada.
En el coche no hablamos para nada. Quiero decir que no hablamos una palabra. Yo solo dije “hasta luego” en la parada del ómnibus, luego me llegue rápidamente hasta donde estaba Moriarty. Entonces hice una cosa de locos. Le di a Moriarty una palmada en la espalda como si fuera mi compañero del alma; ¡y es que al tipo ni lo tolero! Esta conmigo en fuselajes, y siempre me hace disminuir mi rendimiento. ¿Que les parece?
Maldición, me salió un día fatal en cadena. Yo le hacia disminuir a Moriarty en vez de el al revés. Empezó a tomarme el pelo con eso, y no llegue a soltarle un codazo porque Sydney Hoover estaba mirando. Sydney Hoover es el capataz de fuselajes.
Durante el almuerzo me metí dos veces en la cabina telefónica, pero las dos veces colgué antes de haber acabado de marcar nuestro número. No se por que. Quiero decir, en primer lugar, ¿para que me metí allí adentro?

Aquella noche después del trabajo iba a jugar al basketball a la Asociación Cristiana, pero solo jugué la primera parte, luego tome el ómnibus. Me figure que Ruthie no estaba allí para recogerme porque pensaba que iba a jugar al partido entero.
Quiero decir que no me moleste ni nada porque no estuviera allí. Y de todas formas, Joe y Rita Santime me acercaron en su coche, así que no tuve problema.
Al llegar casa, ¿Qué se imaginan? Adivínenlo. Bueno, se los diré. Ruthie no estaba allí. Lo único que había era una nota sobre la mesa de entrada. Me la lleve al cuarto de estar. Ni siquiera me quite el sombrero. Y tenía gracia. Me temblaban las manos. Quiero decir que me temblaban.
La nota decía:
Billy: No veo que sirva de nada que sigamos juntos. Vos no pareces darte cuenta de que nos va tocando perder ciertas cosas. De que nos va tocando pasarlo de otra manera. No sé como decirte lo que quiero decir. De todas formas, no sirve de nada volver a hablar sobre eso, porque vos ya sabes lo que yo siento, y solo hace que te enojes de todas formas. Por favor no aparezcas por casa de mi madre. Si queres ver al niño, por favor, espera un poco. Ruth

Bueno, encendí un cigarrillo y me quede mucho rato ahí sentado en el sillón que compramos juntos en Louis B. Silverman.
Es la mejor tienda del pueblo. Clase. Luego me puse a leer la carta de Ruthie una y otra vez. Luego me la aprendí de memoria, realmente me la aprendí de memoria. Luego empecé a aprendérmela al revés, así: “poco un espera favor por niño al ver queres Si”, así. De locos. Estaba loco. Ni siquiera me había quitado aún el sombrero. Luego de repente entró la señora Widger.
Dice:
-Ruthie me dijo que le preparara la cena. Esta lista.
¡Maldición, estaba tocado!
-¡Tócala Sam! –Grité, haciendo de Humphrey Bogart- Tócala, Sam. Poco un espera favor por niño al ver queres Si. ¿Me entendes, Sam? ¿Entendido?
Me canse de aquel asunto de locos y fui al teléfono. Intente localizar a Bud Treebels por teléfono. Es mi mejor amigo y uno de los mejores jugadores de basketball del estado. Los tres últimos años del colegio los dos formamos parte de la selección estatal juvenil.
Se puso al teléfono la madre de Bud y me dejo el oído hecho un bombo.
-¡Pero bueno Billy Vulmer! ¡Hace siglos que no sabemos nada de vos! ¿Y como esta esa encantadora mujercita tuya, y ese nene adorable?
Mierda, realmente te puede doblar la oreja esa mujer. Dijo que Bud no estaba en casa. Dijo:
-Vos ya conoces a esos solteros. Luego se rió como una imbecil. Colgué. La mujer me estaba volviendo loco.
Maldición, me pase las cuatro horas siguientes sentado en el sillón de Louis B Silverman, emborrachándome, haciendo como que hablaba con Sam. Seguía esperando que Ruth entrara. Una vez me levante y fui a la puerta delantera y la abrí de un tiron. Ruthie no estaba allí, pero yo fingí que si estaba. Quiero decir que hice como si estaba allí afuera.
Grite:
¡Está bien! ¡Podes entrar, Ruthie!
Finalmente volví a meterme en la casa. Tenia ganas de llorar, solo que no lo hice, por supuesto. Entonces fui al teléfono y llame a casa de Ruthie. El teléfono sonó y sonó, hasta casi volverme loco, luego contesto Mrs. Crooper. Maldición, odio hablar por teléfono con ella. Dijo que Ruthie estaba dormida. Pero no lo estaba, porque Ruthie se puso al teléfono. Ruthie y yo hablamos así como un rato, yo más o menos le pedí que volviera a casa. Le dije que yo estaba en casa, Ella dijo que volvería a casa. Colgó y colgué.
Al cabo de media hora oí girar en nuestra entrada el coche de su padre, y fui a la ventana. Ruthie se bajo del coche, pero se quedo hablando con su padre un rato largo, luego se volvió de pronto y echo a andar hacia la casa. Su padre se alejo en el coche.
Poco después estaba dentro, y me rodeaba con sus brazos. Estaba llorando a más no poder. A mi no se me ocurría nada que decir excepto “Ruthie, Ruthie”. Seguí diciendo eso una y otra vez, como un idiota. Luego me senté en el sillón de Louis B. Silverman –es realmente un buen sillón- y ella se sentó sobre mi regazo.
Le dije que tenía como miedo de que no volviera a casa. Ella no dijo nada. Tenía la cara contra mi cuello. Cuando tiene la cara contra mi cuello, nunca habla. Le digo:
- ¿Dónde esta el niño?
No estaba con ella ni tampoco arriba. Ruthie dice:
-Estaba dormido. No quise despertarlo. Mi madre lo traerá mañana.
- Tenía miedo de que no volvieras a casa - dije yo.
Ruthie dijo que su madre casi la mataba por volver a casa conmigo. Yo no dije nada. Entonces Ruthie dijo algo curioso:
-Mi madre contesto el teléfono con la redecilla de pelo puesta: - dijo Ruthie -, eso me revolvió, quiero decir que al verla tan cómica con su redecilla supe que ya no estaría nada bien en casa, quiero decir nada bien en casa de ellos. –
Le pregunte que quería decir con eso, pero ella dijo que no sabia lo que quería decir. Que chica más curiosa.
Hubo rayos y truenos aquella noche ya muy tarde. Me desperté hacia las tres, y Ruthie no estaba allí a mi lado. Salte de la cama a toda prisa y baje las escaleras. Abajo estaban encendidas todas las luces, todas. Ruthie no estaba en el hall de entrada, sino que estaba en la cocina. Llevaba puesto su pijama azul y esas zapatillas lanudas –típicas de Ruthie- y estaba sentada en la mesa de la cocina, leyendo una revista; solo que no estaba leyéndola realmente, porque se asusta demasiado para leer. Ustedes no han visto a mi mujer cuando lleva su pijama azul o vestido azul o un traje de baño azul. Yo nunca supe de que color iba vestida una chica hasta que la conocí a Ruthie. Pero con Ruthie se sabe que lleva puesto algo azul.
Ruthie dijo que solo había bajado porque quería un vaso de leche.
Mierda, que tipo mas miserable soy. Ustedes no entienden.
De repente le dije, solo por decírselo, cómo me había aprendido su nota al revés. Le dije “poco un espera favor por niño al ver queres Si”, Le digo:
-Eso es, así es del revés.
Entonces, agarrense. Quiero decir que se agarren. ¡Ruthie se hecho a llorar! Luego dijo:
-Ahora ya todo me da lo mismo.
Fue curioso que dijera eso. Ruthie dice muchas cosas curiosas. Que niña más curiosa. Es buena cosa que me conozca a fondo. Más o menos.
- Despiertame cuando haya truenos, Ruthie. Por favor, esta bien. Quiero decir que me despiertes cuando haya truenos.
Eso la hizo llorar más aun. Que chica más curiosa. Pero ahora me despierta, eso quiero decir. Por mi esta bien. Quiero decir que por mi esta bien. Quiero decir que no me importa si hay truenos todas las noches.


J.D. SALINGER
Las dos partes implicadas
uno de sus cuentos ineditos.
Saturday Evening Post 26 de Febrero de 1944
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